Cómo calmar un ataque de ansiedad: técnicas y pasos prácticos

Cómo calmar un ataque de ansiedad

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Fecha de publicación 10 de mayo de 2026 | Última actualización 10/05/2026

Aprende a cómo calmar un ataque de ansiedad

No sé si alguna vez has vivido un ataque de pánico. Es una de las peores experiencias que podemos vivir.

Es algo que no esperas y que no entiendes al principio. El corazón se te acelera, parece que no te entra aire suficiente en los pulmones, sientes una opresión en el cuerpo, aparece un hormigueo desagradable, sudores, sensación de mareo, náuseas, los músculos se tensan...

Sientes que algo muy malo, como un infarto, puede ocurrirte de forma inminente. O que te estás volviendo loco.

Acabas con el cuerpo agotado. Pero lo peor puede venir después. Cuando te empiezas a obsesionar con las sensaciones físicas, con el temor de que vuelva a ocurrir.

Uno de los aspectos más difíciles de la ansiedad no es solo lo que se siente en el momento, sino el miedo a que vuelva a aparecer y la vigilancia constante que eso genera.

De alguna forma, sientes la sensación de que has perdido el control, sobre tu cuerpo, sobre tu vida.

Por eso, es importante que entiendas qué te pasa y que cuentes con herramientas reales para gestionar la ansiedad en el caso de que volviera a ocurrir. Porque hay técnicas que te pueden ayudar mucho, y conocerlas puede marcar una diferencia enorme.

Si sientes que la ansiedad está afectando a tu vida diaria, buscar apoyo profesional con una psicóloga especializada en ansiedad en Castellón puede ayudarte a entender lo que te ocurre y aprender herramientas eficaces para recuperar la calma.

Qué le pasa a tu cerebro durante una crisis de ansiedad

Antes de profundizar en el tema, es importante aclarar algo: mucha gente confunde crisis de ansiedad y ataque de pánico.

Un ataque de pánico es algo muy repentino, brusco, sin un desencadenante claro. Tiene que ver con la ruptura del apego, con la pérdida de conexión de vínculos importantes, o con situaciones críticas de soledad. Así que en estos casos es importante tratar la ruptura de esos vínculos.

Las crisis de ansiedad van surgiendo de una forma más gradual, ligadas a factores estresantes. Los síntomas pueden ser parecidos, así que tampoco nos vamos a parar demasiado ahí, ya que las técnicas que vamos a ver pueden sernos útiles sea un tipo u otro de trastorno de ansiedad.

En ambos casos, el miedo está detrás. El cerebro detecta una amenaza, que puede ser real o no, y activa un sistema de alarma muy potente, diseñado para protegerte. Por eso acelera el corazón, lleva sangre a los músculos y agudiza tus sentidos, preparándote para luchar o huir.

Todo esto se activa desde partes del cerebro más instintivas, de manera que en plena crisis de ansiedad, tu córtex prefrontal, esa parte que razona, analiza y te permite pensar con claridad, se desconecta en gran medida. Por eso el "tranquilízate" o "no es para tanto" no funciona.

Esto es importante entenderlo, porque aunque sepamos que no hay un peligro real, nuestro cuerpo reacciona de una forma primitiva, instintiva, por puro instinto de supervivencia.

Qué hacer durante una crisis de ansiedad

Como hemos visto, razonar no funciona en plena crisis de ansiedad, y tratar de que así sea solo puede frustrarte más.

Lo que sí funciona es trabajar desde el cuerpo, enviar señales al sistema nervioso de que el peligro ha pasado.

No todas las técnicas funcionan igual para todo el mundo. Pruébalas y quédate con las que mejor te vayan.

Reconoce lo que te está pasando y busca un lugar tranquilo

Es importante reconocer una crisis de ansiedad cuando aparece, porque por muy desagradable que sea, pasará. Nadie ha muerto por un ataque de pánico, aunque en el momento pueda parecerlo.

Trata de alejarte de ruidos o entornos estresantes y busca un sitio en calma donde pasar el mal trago.

Respiración consciente: la herramienta más poderosa

La respiración es la única función del sistema nervioso autónomo que puedes controlar de forma consciente. Y eso la convierte en la vía más directa para enviar una señal de calma al cerebro.

El problema más común durante una crisis de ansiedad es que el miedo dificulta la capacidad de enfocarse en la respiración. La persona sabe que "debería respirar hondo", pero está tan asustada que no consigue hacerlo. Por eso, antes de intentar la técnica, ayuda decirte: "No tengo que hacerlo perfecto. Solo necesito empezar."

Lo más importante es que la exhalación sea más larga que la inhalación. Cuando exhalas lentamente, activas el sistema nervioso parasimpático, el que frena la respuesta de alarma.

Una forma sencilla de hacerlo:

  • Inhala por la nariz durante 4 segundos
  • Sostén el aire 2 segundos
  • Exhala lentamente por la boca durante 6 u 8 segundos
  • Repite el ciclo varias veces, sin prisa.

Puedes añadir una palabra ancla al exhalar, una palabra o frase simple como "calma", "ya pasó", "estoy inspirando y exhalando", dicha en voz baja o mentalmente. Esa palabra actúa como un ancla que ayuda a la mente a seguir el ritmo de la respiración en lugar de perderse en los pensamientos.

Concéntrate en los sentidos: Grounding 5-4-3-2-1

Durante una crisis, la mente se va al futuro, a lo que podría pasar, a si volverá a ocurrir, a lo peor que podría suceder. El grounding 5-4-3-2-1 interrumpe ese ciclo devolviendo la atención al momento presente, a través de los sentidos.

La técnica es sencilla:

  • 5 cosas que puedes ver ahora mismo, o 5 cosas de un mismo color
  • 4 cosas que puedes tocar, y nota cómo se sienten
  • 3 cosas que puedes escuchar
  • 2 cosas que puedes oler
  • 1 cosa que puedes saborear, o un pensamiento que te transmita calma

No hace falta hacerlo rápido. Cuanto más despacio y con más detalle, mejor. Cada respuesta es un pequeño ancla que te trae de vuelta al aquí y ahora.

Relajación muscular progresiva: tensar para soltar

Durante una crisis, el cuerpo acumula una tensión muscular enorme, es parte de la respuesta de alarma. La relajación muscular progresiva aprovecha un mecanismo sencillo: cuando tensas un músculo conscientemente y luego lo sueltas, el nivel de relajación que sigue es mayor que si intentaras relajarlo directamente.

La técnica consiste en recorrer el cuerpo por grupos musculares:

  • Tensa el grupo muscular (por ejemplo, aprieta los puños) durante 5 segundos
  • Suéltalo de golpe y observa la sensación de relajación durante 20-30 segundos
  • Pasa al siguiente grupo

Puedes empezar por los pies y subir hasta la cabeza, o hacerlo al revés. Lo importante es ir despacio y prestar atención a la diferencia entre tensión y relajación.

Visualización: el lugar seguro

El cerebro no distingue del todo bien entre lo que imagina y lo que vive. Por eso visualizar un lugar donde te sientas completamente seguro puede activar respuestas físicas reales de calma.

Cierra los ojos. Piensa en un lugar, real o imaginado, donde te sientas en paz. Puede ser una playa, un bosque, una habitación de tu infancia.

Ahora entra en ese lugar con todos los sentidos:

  • ¿Qué ves? Los colores, la luz, los detalles
  • ¿Qué escuchas? El sonido del agua, el viento, el silencio
  • ¿Qué sientes en el cuerpo? La temperatura, la textura bajo tus pies
  • ¿Hay algún olor? ¿Algún sabor?

Cuanto más vívida sea la imagen, más eficaz será la técnica. Con práctica, este lugar se convierte en un refugio al que puedes volver cada vez que lo necesites.

Si no has llegado al pico de ansiedad, puedes probar a distraerte conectando con sensaciones agradables que desvíen tu atención, mediante actividades como pasear, darte una ducha, dibujar, moverte con suavidad…

Técnicas para controlar la ansiedad a largo plazo

Las técnicas anteriores ayudan a atravesar una crisis. Pero si los ataques son recurrentes, necesitas algo más: construir un sistema nervioso más resistente en el día a día.

Estas no son soluciones rápidas. Son hábitos que, sostenidos en el tiempo, cambian el terreno sobre el que crece la ansiedad.

Higiene del sueño

El sistema nervioso se regenera durante el sueño. Dormir pocas horas, o de mala calidad, es uno de los desencadenantes más directos de las crisis de ansiedad, y uno de los más ignorados.

No se trata solo de dormir más, sino de dormir bien: horarios regulares, pantallas apagadas varias horas antes de acostarse, una infusión relajante, una ducha templada. Esta rutina le dice al cuerpo que es hora de bajar el ritmo.

Ejercicio regular

El ejercicio es uno de los reguladores emocionales más potentes que existen, y también uno de los más infravalorados cuando se habla de ansiedad.

La actividad física libera tensión acumulada, regula el cortisol y genera endorfinas. No hace falta nada intenso: 30 minutos de movimiento aeróbico diario, caminar, nadar, bailar, marcan una diferencia real.

Conexión social

La ansiedad prospera en el aislamiento. La conexión con otras personas, sentirse visto, escuchado, acompañado, actúa como un regulador natural del sistema nervioso.

No hace falta una red social amplia. A veces basta con una o dos personas con quienes puedas ser honesto sobre cómo te sientes.

Cuando las técnicas no son suficientes

La mente es muy compleja. Y a veces el conocimiento no basta, ni saber lo que te pasa, ni aplicar las técnicas correctas.

Hay situaciones en las que detrás de los ataques de ansiedad hay memorias dolorosas, experiencias pasadas o recientes que el cuerpo y la mente no han podido procesar del todo. En esos casos, las técnicas pueden aliviar, pero no llegan a la raíz.

Ahí es donde la terapia marca la diferencia.

No hace falta estar en tu peor momento para dar el paso. Ni tenerlo todo claro. Muchas personas llegan a consulta con una sola certeza: "Sé que algo no está bien, y no quiero seguir cargando con esto solo."

Eso es suficiente para empezar.

Desde el enfoque con el que trabajo, integrando EMDR y terapia integrativa, no solo trabajamos los síntomas, sino lo que hay detrás. Porque los ataques de ansiedad no son el problema en sí: son una señal de que algo necesita ser atendido.

Si algo de lo que has leído te ha resonado, puedes escribirme sin compromiso. No necesitas venir con nada preparado. Solo con las ganas de entenderte un poco mejor.

Ofrezco terapia para la ansiedad en Castellón y también en modalidad online.

Referencias:

Foto de Marisa Grueso Lopez

Marisa Grueso Lopez - Psicóloga

Psicóloga colegiada nº CV-18591 en el Colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad Valenciana. Te acompaño si deseas comprenderte mejor, sanar desde la raíz y transformar tu forma de vivir. Comencé mi propio camino de autoconocimiento a los 28 años, y desde entonces sigo explorando distintas corrientes y enfoques que amplían mi comprensión de la mente humana y enriquecen mi manera de acompañar a los demás.

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