La ansiedad es el trastorno mental más frecuente en España. Más que la depresión. Más que cualquier otro.
Y sin embargo, la mayoría de personas que la sufren tardan años en pedir ayuda. Muchas, nunca lo hacen.
No porque no quieran. Sino porque la ansiedad suele aparecer disfrazada. A veces parece cansancio. O mal humor. O esa sensación de que "algo no va bien" sin saber exactamente qué. Y como no tiene una forma clara, es fácil ignorarla, normalizarla, decirse que ya pasará.
Pero hay una diferencia entre pasar por un momento difícil y vivir instalado en un malestar que no termina de irse.
Tipos de ansiedad: cómo reconocerlos y qué puedes hacer
Hay muchos tipos de ansiedad.
A veces, no está pasando nada, pero tu mente se adelanta a una situación futura que le angustia, y el cuerpo reacciona como si estuviera ocurriendo. Esto es lo que se llama ansiedad anticipatoria.
O estás en una conversación y estás demasiado pendiente de cómo te perciben los demás.
La ansiedad no aparece siempre de la misma forma. A veces se siente sobre todo en el cuerpo. Otras veces, en forma de pensamientos que no paran. Y muchas veces, es una mezcla de ambos.
Vamos a ver algunos de los trastornos más comunes relacionados con la ansiedad:
Trastorno de pánico
Puede que estés en casa tranquilamente y, de repente, algo cambia. El corazón va más rápido, hay una sensación incómoda en el pecho, parece que no entra aire suficiente, los músculos se tensan...
Y lo peor es que puedes llegar a pensar: "¿Y si me está dando un infarto?", "¿Y si me estoy volviendo loco/a?". En ese momento no te parece una exageración, te parece algo real.
Este tipo de ansiedad aparece de forma muy intensa y repentina —apenas dura unos minutos— y aunque no haya un peligro real, es una de las experiencias más angustiantes que podemos llegar a vivir.
Después, es habitual vivir con el miedo a que vuelva a ocurrir y, sin darte cuenta, empiezas a estar demasiado pendiente de tu cuerpo.
Uno de los aspectos más difíciles de la ansiedad no es solo lo que se siente en el momento, sino el miedo a que vuelva a aparecer y la vigilancia constante que eso genera.
Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)
Tu cabeza salta de una preocupación a otra: el trabajo, las relaciones, el dinero, el futuro… No hay nada grave en sí mismo, pero todo pesa.
Crees que, si te preocupas lo suficiente, puedes controlar de alguna forma lo que pasa. Pero no funciona, porque cuando terminas con una preocupación… aparece otra. Es como si la mente no pudiera parar.
Sin darte cuenta te has convertido en una persona "sufridora". Y lo peor no es solo la cabeza, que no para, sino los síntomas físicos: inquietud constante, tensiones y dolores musculares, problemas para dormir, dificultad para concentrarse y relajarse. Un agotamiento que va mucho más allá de la cabeza.
Trastorno de ansiedad social o fobia social
A veces puede parecer timidez, o introversión. Pero por dentro hay algo más profundo.
En lugar de estar presente en las interacciones sociales, te evalúas todo el rato.
¿Qué estarán pensando de mí? ¿Habré dicho algo raro? ¿Se habrán dado cuenta de mi inseguridad?
Y cuando la situación termina… no lo hace del todo, porque sigues dándole vueltas a lo que ha pasado.
No tiene tanto que ver con no saber relacionarse, sino con el miedo al juicio ajeno.
Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)
Los pensamientos aparecen una y otra vez, sin buscarlos, y generan mucho malestar.
No es solo pensar demasiado. Es sentir que no puedes soltar ese pensamiento.
Para aliviar esas sensaciones desagradables, surge la necesidad de hacer algo: comprobar, evaluar, repetir, asegurarte…
Y eso, al principio, provoca alivio. Parece que funciona. Pero dura poco. Cada vez necesitas repetir más. Hasta que, sin darte cuenta, entras en bucles que te complican mucho la vida y te acaban desgastando.
Agorafobia
Estás en un lugar determinado y de repente empiezas a pensar: "¿Y si me pasa algo aquí?", "¿Cómo saldría?", "¿Quién me ayudaría?"
No es tanto miedo al lugar en sí, sino lo que podría pasar en él.
Así que para sentirte más seguro, empiezas a evitar ciertas situaciones. Y como esa evitación alivia… cada vez evitas más.
Y poco a poco, sin darte cuenta, tu zona de confort se va haciendo más pequeña. Y de esta forma, es fácil aislarse poco a poco.
Fobias específicas
Hay personas que tienen miedo a cosas muy concretas: las agujas, ciertos animales, volar, conducir…
Algunas de estas fobias tienen nombres bastante curiosos. Por ejemplo:
- Koumpounofobia: miedo a los botones de la ropa.
- Lacanofobia: miedo a las verduras.
- Telefonofobia: miedo a hablar por teléfono (cada vez más común hoy en día).
Puede parecer absurdo, en algunos casos, pero muchas de estas fobias tienen una historia detrás que lo explica. Aunque racionalmente sepas que no hay un peligro real, el cuerpo reacciona como si lo hubiera. Y eso lleva, con frecuencia, a evitar situaciones. A corto plazo te sientes mejor… pero a largo plazo, el miedo crece.
La ansiedad no es un fallo personal, es una respuesta de tu sistema nervioso intentando protegerte, aunque a veces lo haga de forma desproporcionada.
Trastorno de estrés postraumático
Este tipo de ansiedad está relacionado con experiencias que han sido difíciles de procesar: accidentes, situaciones impactantes o vivencias mantenidas en el tiempo.
A veces el cuerpo y la mente no consiguen "cerrar" lo que pasó.
Y entonces aparecen recuerdos intrusivos, pesadillas, evitación… o una sensación constante de alerta. Como si una parte de ti siguiera en ese momento.
Cómo superar la ansiedad con ayuda profesional
La ansiedad es la manifestación física del miedo, la emoción más importante para sobrevivir. Por eso hay que comprenderla y no vivirla como un síntoma a controlar.
Sea cual sea la forma en que se manifiesta en ti, la ansiedad tiene tratamiento. Y hay caminos que funcionan.
No todas las personas la viven de la misma forma. Algunas la sienten más en la cabeza: pensamientos que no paran, anticipación… Otras la sienten más en el cuerpo: activación, tensión, sensaciones físicas.
Entender cómo empieza en ti puede ser un primer paso. Pero hay algo aún más importante: no hace falta tenerlo todo claro para dar el siguiente paso.
De hecho, muchas personas llegan a consulta con una sensación muy parecida a esta: "No sé exactamente qué me pasa, pero sé que algo no está bien".
Contar con una psicologa ansiedad puede ayudarte a entender qué hay detrás de ese malestar.
Técnicas eficaces: EMDR, terapia integrativa y PARCUVE
El EMDR permite procesar experiencias que en su momento generaron un estado de alerta en el sistema nervioso.
Las terapias integrativas combinan distintos enfoques teniendo en cuenta cuerpo, emociones e historia personal.
No se trata solo de entender, sino de aliviar y transformar.
Referencias
Empieza hoy a sentirte mejor
Dar el paso no significa que todo tenga que estar claro. Solo necesitas reconocer que algo no está bien y querer empezar a entenderlo.
Una primera sesión puede ayudarte a poner orden, aliviar lo que sientes y empezar a recuperar la calma.